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ALGO DEL RITMO DE EUCLIDES

2 sept
8 min de lectura

MOSAICO 2: PROMETEO


Archivo: /Prome/diario_antes_de_saber.txt


Ya sé que nadie de mi edad escribe un diario. Suena queer y es como de papás. Me imagino un cuaderno de los 80s con candado, pluma de colores y alguien escribiendo Querido diario antes de contar que le gusta alguien de tercero B. Muy flop.


Lo único que me salva es que, esto ni siquiera es un cuaderno. Es un archivo. Una pantalla en blanco, un cursor y yo. Debería escribirlo más bien en un celular, pero me gusta más aquí.  


El cursor no pregunta. No pone cara. No te dice que exageras ni que deberías estar agradecido ni que ya hablaremos de eso cuando cumplas 18.


Supongo que escribo porque hay cosas que, si intento decirlas en voz alta, se me desarman, parecen que se escurren como baba o que se derriten como las tapas de las plumas cuando las quemas con un encendedor.


Cuando era niño hablaba más. O eso creo. Después aprendí que algunas preguntas hacen que los adultos cambien de tema, recojan un plato que ya estaba limpio o lo vuelvan a lavar, o de pronto tengan muchísima prisa y se acaban de acordar que   tenían terapia.


Así que empecé a guardarme cosas. Primero en la cabeza. Después aquí. También quise usarlo de bitácora para mis investigaciones.


Archivos que nadie tiene por qué leer y que puedo borrar cuando quiera. Eso es importante: poder decidir cuándo algo deja de existir.


Es más, no sé si esto sea un diario. Tampoco escribo todos los días. A veces pasan semanas. Meses. Supongo que vuelvo cuando algo empieza a hacer demasiado ruido o siento que se fractura o se fragmenta todo. Como si fueran grietas que tengo el todo el cuerpo.


Tal vez esto solo sea una forma de existir sin tener que explicarme. O una copia de seguridad.


De mí. Por si un día me pierdo.

 

13/06/2020

Mi Mamá compró una tablet para mis tareas. Según ella. También activó como cuatro controles parentales.


No entiendo qué cree que voy a hacer. ¿Comprar armas en la dark web? Tengo doce años y todavía le pido permiso para descargar video-juegos.


Hoy investigué cómo hacer un servidor casero con una Raspberry Pi. No parece tan difícil. Bueno, sí tiene su grado de dificultad 2. Pero ese challenge te dan ganas de intentarlo.


Me gustaría tener uno propio. Un lugar donde guardar mis cosas y que nadie pudiera entrar.

Ni mi mamá.

Ni Google.

Ni nadie.

Un lugar donde nadie pueda borrar lo que escribo.

O borrarme a mí.

A veces cierro los ojos y siento que algunas ideas desaparecen. Como si solo hubieran existido mientras las estaba pensando.

Eso me da miedo.

Quiero guardar pruebas.


17/06/2020

Encontré un libro de él arriba del clóset de mamá.

Estaba hasta atrás, debajo de unas cobijas. Lleno de polvo.

Parecía escondido.

O castigado.

Se llama Cuadernos para incendiar el mundo.

Buen título.

Un poco intenso.

Muy de escritor que quiere que sepas que es escritor.

Me dieron ganas de abrirlo.

También miedo.

Mamá dice que él “no es tema”.

Lo dice exactamente así.

No es tema.

Como si una persona pudiera archivarse.

Como si bastara no decir un nombre para que alguien dejara de existir.

Pero yo quiero que sea tema.

Aunque sea mío.

Abrí el libro.

Leí dos páginas.

No entendí todo.

Hay frases que parecen escritas para que uno tenga que regresar y leerlas otra vez. Eso me desesperó un poco.

Y me gustó.


Fue como cuando tenía seis años y me subí a una resbaladilla metálica calentada por el sol. Me quemé las piernas y aun así quise volver a subir.

Seguí leyendo.

Hay un niño.

Tiene fiebre y oye voces afuera de su habitación mientras espera que alguien llegue.

Apenas aparece.

No sé por qué me importó tanto.

Sentí que lo conocía.

Qué estúpido escribir eso.

Pero sentí que él también me conocía.

Voy a llamarlo Él.

Con mayúscula.

Como si fuera una persona.


4/07/2020

Sigo leyendo el libro.

A escondidas, aunque técnicamente nadie me prohibió leerlo.

Supongo que eso es peor.

Mamá me vio hoy.

No dijo nada.

Nada.

Solo levantó una ceja.

Tiene una forma de levantar la ceja que podría reemplazar la mitad de sus conversaciones.

Fue muy mamá de Stranger Things: sé que está pasando algo, tú sabes que sé que está pasando algo, pero ninguno va a hablar del Demogorgon durante la cena.

Seguí leyendo.

Creo que Él está triste.

No triste de llorar.

Triste de esperar.

Siempre parece estar esperando que alguien llegue.

A veces pienso que yo también espero a alguien.

Solo que no sé a quién.

O sí sé.

Y por eso no quiero escribirlo.


3/05/2021

Vi tutoriales de Python.

Me gusta programar porque escribes algo y sucede.

No siempre, obvio. A veces escribes algo y salen veinte errores porque olvidaste una coma.

Pero cuando funciona, funciona.

Las instrucciones sirven.

La gente no.

He pensado en hacer una app para guardar secretos.

No una app tipo diario porque qué horror.

Algo encriptado.

Que parezca una calculadora o una carpeta aburridísima.

Podría guardar cosas sobre Él ahí.

No sé por qué sigo pensando en ese personaje.

Tal vez porque fue la primera vez que encontré a alguien dentro de un libro y pensé:

yo también.


8/06/2021

Hoy busqué fotos de mi papá en Google.

Ya lo escribí.

Mi papá.

Qué raro se ve.

Como una palabra que pertenece a otra persona.

Encontré fotos, entrevistas, videos.

En casi todas parece cansado.

No cansado de gimnasio o de no dormir.

Otro cansancio.

Como si hubiera pasado demasiado tiempo dentro de su propia cabeza y ya no supiera cómo salir.

Tiene unos ojos raros.

No por el color.

Por la forma de mirar.

Como si hubiera leído toda la noche y justo antes de la foto hubiera descubierto algo que no piensa contarle a nadie.

Me gustan sus ojos.

Me gustaría que alguna vez esos ojos me miraran a mí.

Aunque fuera unos segundos.

Aunque no supiera qué decirme.

Aunque después se fuera.

Encontré una entrevista donde alguien lo describía como “brillante, pero indisciplinado”.

Creo que mamá dijo lo mismo una vez.

Solo que ella no usó la palabra brillante.

Me pregunto qué cosas se heredan.

Los ojos.

La altura.

Ser bueno para algo.

Ser malo para quedarse.

A veces pienso que quizá heredé algo suyo.

Ojalá no haya sido únicamente el desorden.


23/09/2021

Volví a leer la parte de Él.

El niño tiene fiebre y cree escuchar a alguien afuera.

Imagina que tocarán la puerta.

Que alguien entrará.

Que le cantará.

Que le dirá que no está solo.

Me parece ridículo.

Pero muy bonito.

Yo también imagino cosas así a veces.

Nunca lo diría.

Ni siquiera sé exactamente a quién imagino.

A veces sueño que abro la puerta y está Él.

No mi papá.

El niño del libro.

Tendría mi edad, supongo.

Nos sentamos y no hablamos mucho.

Eso es lo mejor del sueño.

No tenemos que explicarnos nada.

¿Puede alguien ficticio ser tu amigo?

¿Puedes extrañar a alguien que nunca existió? Más bien que nunca estuvo.

¿Y si alguien existe solamente porque otro lo escribió?

Entonces también existe un poco, ¿no?

Aunque sea prestado.


12/12/2022

Me tomé como cuarenta selfies.

Borré treinta y nueve.

La otra tampoco me gusta.

Mi cara está en versión beta.

Un día parece una cosa y al siguiente otra.

La piel hace lo que quiere. El pelo también.

A veces me veo en el espejo y siento que todavía no termino de cargar.

Subí una foto a una cuenta falsa.

No tiene mi nombre ni gente de la escuela.

Alguien comentó:

cool eyes

Dos palabras de un desconocido.

Ridículo que me hayan importado.

Pero me importaron.

Fue la primera vez que pensé que quizá no soy feo.

O que ser feo y ser guapo no importa tanto en un mundo donde la IA puede editar todo.

En una cuenta falsa puedes mirar a todos sin que nadie te mire realmente a ti.

Eso está bien.

Luego entré a YouTube y apareció un video del que todavía me cuesta llamar papá.

Habla raro.

Hace pausas.

Busca palabras como si las tuviera guardadas en habitaciones distintas y tuviera que ir por ellas.

A veces parece que está inventando lo que dice justo mientras lo dice. Parece que siempre está mintiendo, pero creo que le creo.

Tal vez escribir sea su manera de mirarse al espejo.

Yo todavía no sé cuál es la mía.

Quizá esto.

Qué horror.



2/02/2023

Estaba jugando Fortnite y pensé algo bastante creepy.

El juego ya sabe muchísimas cosas de mí.

Dónde suelo caer.

Qué armas prefiero.

Cuándo huyo.

Cuándo ataco.

Cuánto tardo en decidir.

Imagino una IA entrenada con todas mis partidas.

Un yo que juegue exactamente como yo, solo qué sin distraerse, sin ponerse nervioso y sin hacer estupideces.

Probablemente sería mejor que yo.

Mis amigos podrían jugar con él y ni siquiera notarían la diferencia.

O sí.

Y preferirían al otro.

No sé qué da más miedo:

que una máquina pueda aprender a ser tú

o descubrir que para los demás tú eras solamente un conjunto de patrones bastante fáciles de copiar.


20/06/2023

Hoy cumplo quince.

Busqué qué significa ser Géminis, aunque no creo realmente en los signos.

Bueno.

No creo cuando dicen cosas que no me gustan.

Resulta que Géminis son dos.

Eso sí me sirve.

Últimamente siento que hay por lo menos dos versiones de mí compartiendo el mismo cuerpo.

Una piensa demasiado. Esa parece mayor que yo. Analiza todo, incluso cosas que deberían simplemente pasar.

La otra es bastante más inútil. (y creo que bastante superficial)

Se queda callada.

No sabe entrar a una conversación.

Ensaya respuestas cuando ya terminó la conversación.

Una quiere que la miren.

La otra espera que nadie la vea.

A veces las dos aparecen al mismo tiempo y es agotador.

Prometeo uno habla.

Prometeo dos observa.

Prometeo uno dice que le da igual.

Prometeo dos sabe perfectamente que no.

Me gusta pensar que soy dos porque suena más interesante que decir que estoy confundido.

Quizá todos los adolescentes somos así y simplemente nadie lo admite.

A lo mejor escribo para sentarlos frente a frente.

A ver si algún día se reconocen.

Aunque últimamente pienso que debería leer más.

Tal vez uno no se encuentra mirándose tanto.

Tal vez se encuentra metiéndose en la cabeza de otros.

Eso me pasó con Él.

Quizá para eso sirven los libros.

Para encontrarte en alguien que nunca fuiste tú. O para espiar a alguien que se fue.


24/06/2024

Hay algo que no sé cómo escribir.

Lo cual es mala señal porque precisamente para eso existe este archivo.

Cuando veo fotos de gente en redes, mi cabeza hace cosas raras.

A veces veo a una chica y pienso que es muy guapa.

Otras veces me quedo viendo demasiado tiempo la foto de un chavo.

No sé exactamente qué estoy mirando.

Si me gusta.

Si quiero parecerme a él.

Si quisiera tener su cuerpo.

Su cara.

Su vida.

Sus amigos.

Su novia, si tiene.

Su seguridad.

Su papá.

A veces todas esas cosas parecen la misma cosa y luego no.

No sé si eso sea deseo.

La palabra me queda grande.

Como cuando te pruebas la ropa de alguien mayor.

Sé lo que significa, pero no sé si ya sé cómo se siente.

Me da pena escribir esto.

Aunque nadie vaya a leerlo.

Si mamá lo encontrara probablemente entraría en ese modo suyo en el que intenta parecer tranquila y entonces uno sabe inmediatamente que no está tranquila.

¿Y él?

¿Mi papá?

Qué absurdo. Conste que lo escribí en minúscula.

Me importa qué pensaría alguien que ni siquiera estuvo aquí para enseñarme qué pensar de mí mismo.

Tal vez esto sea normal.

Tal vez a todos les pasa.

O quizá mi brújula simplemente todavía está girando y yo estoy obsesionado con exigirle que marque norte.

También puede ser que no haya un solo norte.

Eso me gusta más.

Da miedo.

Pero también se siente como abrir una puerta. O estar llorando y que nadie la abra.

No necesito saber todavía quién voy a ser.

Qué personas van a gustarme.

A quién voy a querer.

Ni siquiera sé si esas preguntas tienen respuestas permanentes.

Durante mucho tiempo pensé que crecer consistía en ir encontrando respuestas.

Ahora empiezo a sospechar que consiste en aprender a vivir un rato sin ellas.

Quizá por eso sigo escribiendo aquí.

Porque este archivo no necesita que yo ya sepa quién soy.

Solo necesita que vuelva.

Y escriba la versión que existe hoy.



 
 
 

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