PEDRO INFANTE: TAMBIĆN DE DOLOR SE CANTA
- juaninchausteguic
- 18 nov 2022
- 8 Min. de lectura
Jodido pero cantando.
18 de noviembre de 1917, hace 105 aƱos, nace el gran Ćdolo mexicano Pedro Infante en MazatlĆ”n, Sinaloa, quien muriera en fatal accidente aĆ©reo un 15 de abril de 1957 en tierras (o aires) mayas.
Como Ćdolo popular Pedro Infante es mĆ”s bien un producto de las industrias cinematogrĆ”fica, radiofónica, discogrĆ”fica, televisora y editorial. Lo que hoy se llama fenómeno mediĆ”tico, a partir de que en el imaginario colectivo se confunde su rol como actor profesional con los atributos arquetĆpicos o estereotĆpicos de los personajes que āinterpretóā.
ĀæPodrĆa ser la versión en hombre (guardada la proporción y el arquetipo que cada uno representa) de lo que se inventó por si misma MarĆa FĆ©lix? ĀæO el que creó Norma Jeane con Marilyn?
El primero, el macho mexicano, pobre, bueno, sacrificado, querendón, mujeriego y amigo del pueblo; la segunda, inalcanzable, femme fatal, etérea, La Doña, la diva divina y la tercera, la sex symbol con pretensiones entre ingenuidad, candidez y la rubia tonta.
Esta posibilidad nos lleva a cuestionar si en realidad eran buenos intĆ©rpretes o simplemente actuaban de ellos mismos o todo lo actuaban igual porque se representaban a sĆ mismos. Que tambiĆ©n tiene su mĆ©rito interpretarse siempre a sĆ mismo. De modo que no le estoy quitando ningĆŗn mĆ©rito a nuestro Ćdolo, mĆ”s vivo muerto que vivo. (si no se me viene encima medio mujeral del paĆs).
Lo cierto es que lo mismo vemos a Pedrito hacerla de cura, milico y cuatrero en āLos Tres Huastecosā (1948) que de Ʊero carpintero con el tĆpico hablar de barrio de la ciudad en los 40s y 50s en la trilogĆa de Ismael RodrĆguez āNosotros los pobresā (1947), āUstedes los ricosā (1948) y āPepe El Toroā (1952); que de maestrito de escuela torpe, casi ciego, con lentes de culo de botella y tĆmido que juega a hacerse estrella y pasar de Braulio PelĆ”ez a Alfredo Malvarrosa en āTambiĆ©n de dolor se cantaā (1950), o de compositor musical sinfónico o de boleros en āSobre las olasā (1950) de Juventino Rosas o Alberto Medina en āEscuela de Vagabundosā (1954) junto a la siempre bella y depresiva Miroslava Stern.
Obvio que su mejor personaje fue el del charro macho mexicano y cantor (sin ofender a Jorge Negrete, que era el Charro Cantor) o de ranchero; āAhĆ viene MartĆn Coronaā, āVuelve MartĆn Coronaā (1951) āEl gavilĆ”n polleroā (1950), āLos tres GarcĆaā y āVuelven los GarcĆaā (1946), āSoy Charro de Rancho Grandeā (1947), āLos Gavilanesā (1954), āLos hijos de MarĆa Moralesā (1952). āNo desearĆ”s la mujer de tu hijoā (1949), āLa oveja negraā (1949) entre otras.
De hecho, con independencia del personaje, Pedro habrĆa de cantar en todas sus pelĆculas. Y aquĆ surge la cuestión de si era un cantante que actuaba o un actor que cantaba, mĆ”s bien lo primero. Algo parecido les pasa a los actores del teatro musical. Pero un buen actor debe hacernos creer que canta, aunque no lo haga bien, pero un cantante no siempre logra actuar.
Y quĆ© decir de su doble personaje en āAnsiedadā (1953) haciendo a dos hermanos que se reencuentran despuĆ©s de un pasado de cambio de bebĆ©s, donde uno es bueno y noble y el otro rico y engreĆdo. O de su indito Tizoc (1956) a lado de la DoƱa con un acting dentro del canon mexicano de lo que aĆŗn hoy se entiende por indĆgena.
Lo vemos encarnar a un tĆpico regio, codo y confianzudo que se enamora de una delicada y frĆ”gil niƱa/niƱo bien en āPablo y Carolinaā (1955) en donde ademĆ”s mosquea un poco la idea de estarse enamorando de un hombre.
Después de imaginarme a Pedro en todos sus personajes, me pregunto ¿si tomaba agua en botellas de tequila frente a las cÔmaras y era abstemio en su vida privada, por qué sigue representando la imagen admirada del mexicano borracho, parrandero y jugador?
O al revés si en la vida real era mil amores y enamoradizo, aún hoy, representa en el cine y fuera de él, al hombre/novio/esposo querendón, romÔntico, pobre pero honrado, protector y al hijo prodigo mal agradecido que regresa y pide perdón y al compañero confiable que nunca te abandona cuando lo necesitas.
No sabemos si en su vida privada era realmente buen hijo, buen padre, guadalupano, valiente y sincero. Se sabe que era muy disciplinado con la comida y sus rutinas de ejercicio, lo mismo que en su trabajo. Āæentonces por quĆ© creerle al grado de la idolatrĆa? ĀæEntonces no era tan mal actor?
Pedro Infante simplemente llenó un vacĆo que al mexicano le hacĆa falta y le vino bien en su momento de aparición. En sus personajes vino del campo a la ciudad, lo mismo que lo hicieron muchos mexicanos dĆ©cadas despuĆ©s de terminada la Revolución. El rancho les quedó chico y emigraron para iniciar una vida urbana y no precisamente para ingresar a la clase media y la vida económica y social preponderante, sino simplemente para sobrevivir en las orillas en la barriada, en las vecindades.
Ese sitio ya lo habĆa tomado Mario Moreno una dĆ©cada antes con su personaje Cantinflas, que vino de la carpa al cine y que hizo del peladito, abusado y abusivo, tramposo pero carismĆ”tico y sobre todo dicharachero y de lenguaje florido, la mejor representación de la identidad nacional, del mexicano desvalido, comĆŗn y corriente ya no del rancho sino de la āsuidadā.
Pedro Infante no robó ese lugar porque sus recursos dramĆ”ticos eran otros, el melodrama y el canto, la fórmula lacrimógena del sufrir para merecer, acompaƱada de mĆŗsica, sobre todo cuando Ć©sta viene en lugar de llorar y mejor todavĆa, llorando, que asĆ sabe mĆ”s rica la herida, porque āTambiĆ©n de dolor se cantaā, nunca mejor descrito el melodrama mexicano, sufrir cantando.
En tanto, Cantinflas apeló a la comicidad del enredo y del lenguaje, abordó la supuesta crĆtica y sĆ”tira social de la clase media y alta, de las Ć©lites de poder, el mal gobierno, la corrupción y el revanchismo social, supuesta porque Mario Moreno al dejar la carpa e irse volviendo caca grande del cine, fue parte del sistema al que supuestamente criticaba y del que se burlaba, y por lo que su personaje Cantinflas fue perdiendo credibilidad.
Como otras estrellas, Infante vino a cubrir parte del set de oferta de la ya ni tan insipiente industria cultural de su Ć©poca, como lo hicieron Dolores del RĆo y MarĆa FĆ©lix en versión femenina y Jorge Negrete del galĆ”n, charro cantante con voz de ópera y muy mexicano.
Sea o no un gran histrión, Pedro Infante interpreta en nuestro cine las conductas machistas reconocidas socialmente como legĆtimas para los papeles del protagónico masculino en personajes estereotĆpicos.
De este modo, su Pepe El Toro es el mĆ”ximo personaje arquetĆpico de los imaginarios colectivos de la mexicanidad. Que algunos expertos del medio dicen ahora, portan Diego Luna y Gael GarcĆa, si esto es asĆ, prefiero ser macho que charolastra, aunque uno salga en Star Wars y el otro sea chico Almodovar.
ĀæQuizĆ” lo polĆ©mico no sea sólo que Pedro Infante hizo inmortal para el mundo al āmacho mexicanoā, sino que hizo al mexicano resignado y jodido?
Francisco Javier MillĆ”n en su libro āSe sufre, pero se aprendeā (2017) considera que Pedro Infante hizo abnegados a los mexicanos. Que fue un arquetipo que contribuyó a forjar una sociedad mexicana que veĆa la pobreza con resignación desde āNosotros los pobresā (1947); āUstedes los ricosā (1948) y āPepe el toroā (1952), la gran trilogĆa del realizador Ismael RodrĆguez, que mucho tuvo que ver en esta construcción mĆtica como director. MillĆ”n dice:
āEl legado mĆ”s importante de Pedro Infante es toda la impronta que dejó en la Ć©poca de oro del cine mexicano y en la configuración del ser y estar en su tiempo; MĆ©xico era exactamente de esa formaā
āA veces no asumimos o no entendemos de dónde viene la educación sentimental que tenemos, pero es de los medios de comunicación, la literatura y el cine. Sus pelĆculas no son las mejores, pero si las mĆ”s taquillerasā¦ā
āā¦Su personaje insufla, transmite e inculca las estructuras de poder y eso es algo que ha reconocido anteriormente Carlos MonsivĆ”is y Octavio Paz.
āPedro es el arquetipo que establece los valores y moral determinada, la va forjando en vida y sigue despuĆ©s de su muerteā
Esto bien puede ser cierto, pero en todo caso viene ya desde āEl Periquillo Sarnientoā (1816) la primera novela en hispano-amĆ©rica, que narra las aventuras y desventuras, vida y muerte de un pĆcaro personaje, a finales de la dominación espaƱola en MĆ©xico, de dónde surge un sentimiento de inferioridad nacional que se sublima y tiene su revancha o reivindicación en este personaje.
En esta impronta picaresca y sinverguenzoide queda sublimada el sentimiento de inferioridad que provocaron aƱos de virreinato y dominación peninsular en los nacientes mexicanos, que entre la preponderancia de los criollos ya nacidos en MĆ©xico, el mestizaje y la sociedad de castas que no dio tregua para asimilar a los que no eran ya, ni indĆgenas ni criollos, ni espaƱoles, sobre todo en la creciente ciudad de MĆ©xico en camino a la modernidad a fines del S XIX y las primeras dĆ©cadas del XX.
DespuĆ©s vinieron asimilaciones y adaptaciones de este popular personaje, alburero, dicharachero y pendenciero hacia 1821 con los espectĆ”culos de circo y mĆ”s tarde con las marionetas de los Hermanos Rosete, con su destacado āVale Coyoteā, prototipo del āpeladito mexicanoā que usaba el mismo lenguaje sin sentido y vacilante que adoptó Cantinflas.
Con los aƱos se fue incorporando en las carpas y los teatros de variedades de la creciente ciudad de MĆ©xico a fines del XIX y primeras dĆ©cadas del XX (en su ascenso a la modernidad) y que ya en 1927, aparece como āLas Aventuras de Chupamirtoā, creada por JesĆŗs Acosta como tira cómica dominical del periódico Universal, de donde Mario Moreno tambiĆ©n escarba para crear su gran personaje de Cantinflas.
De la carpa, Moreno lo lleva al teatro de revista y de ahĆ al cine (a fines de los 30s), para culminar con su gran parteaguas āAhĆ estĆ” el detalleā (1940) que lo da a conocer internacionalmente, diferenciĆ”ndose de los charros y el imaginario campirano melodramĆ”tico del cine nacional de ese entonces, y que lo catapulta a la fama en los aƱos de la Ćpoca de oro del Cine Mexicano. En donde ya estaba Negrete y estaba por aparecer Pedro Infante.
En todo caso, Infante oficializa mediĆ”ticamente algo propio de nuestro melodrama mexicano dentro y fuera del cine y la televisión, en donde esa inferioridad, resignación o jodidez se sublima por un lado, a travĆ©s del discurso pĆcaro, abusivo, del peladito que tambiĆ©n caracteriza al mexicano que se burla y jode al poderoso, al patrón, al rico, al polĆtico y al seƱorón.
Pero tambiĆ©n a travĆ©s del hijo del pueblo, carismĆ”tico, pobre pero honrado, guapo, fuerte, formal, protector, el macho que le gusta a las mujeres y que sabe enamorar y llevar serenata y donde verbo, algo de carita y galanterĆa mata dinero y poder.
En ese recorrido, Pedo Infante toma la estafeta que va dejando Negrete, Luis Aguilar, Tito GuĆzar, Pedro ArmendĆ”riz y otros consagrados, con quien comparte crĆ©ditos en algunas pelĆculas y se asimila pronto al star system mexicano, a lado de MarĆa FĆ©lix, Dolores del RĆo, Sara GarcĆa, Rosario Granados, Rosita Arenas, Miroslava, Silvia Pinal, Blanca Estela Pavón, Irma Dorantes, Marga López, Katy Jurado entre muchas otras estrellas.
ĀæEn el final de la segunda dĆ©cada del siglo XXI, sigue siendo Pedro este arquetipo mĆ”s representativo del mexicano o han surgido nuevos? ĀæSi es asĆ, cuĆ”les y dónde estĆ”n
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